Cálido arrullo
Se juntó el ocaso, con un alba silenciosa, dos halos oscuros se deseaban, y querían entre espinas de rosas yertas de la aurora, se añoraban en evanescer líquido, sólo templado por miradas esquivas, intermitentes, como luces de luna, ambigua, desapagada, corrían en voz, por umbríos sotos reales, sus vestigios yertos, cariñosos, entre espumas de tiempo disuelto, dejaban alaridos, bebían rocíos de flores, se acariciaban como musgo y roca, su sed mutua era intensa, como eco en caverna que encuentra salida, oscura brillantez anhelaban ser, así sangre perpetua del granate mineral, deslizaban por senderos inextricables, llamando a un olvido envolvente, su misterio era blando, como devenir aterciopelado y sonrisa inevitable, jugaban como resortes envolviéndose, y alejándose para encontrarse, su gemido crascitaba a la altura los montes, su soledad era perdida, ellos, halos imperecederos, únicos al semblante indisoluble, soplaban notas entre sus voces, y helaban el frío de la madrugada, en ...